Los pasados días 28 y 29 de Marzo se visitó, de manera casual el primero, una exposición dedicada al poco conocido Nikola Tesla en “La Real Academia de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales”, con la colaboración de la embajada de la República de Serbia. A la salida del nuevo sol tuvo lugar un evento musical del maestro Wolfang Amadeus Mozart, concretamente la obra póstuma, el Réquiem.

Debemos decir que pese a la grandeza del genial Tesla, la exposición no estaba, ni por asomo, a la altura de las circunstancias. La sala principal contaba con unos expositores donde se mostraba brevemente su biografía así como un esbozo de sus inventos más célebres como la ciclópea obra de las cataratas del Niágara, donde se construyó la primera central hidroeléctrica del lugar.
En la segunda sala, y no por ello menos importante, encontramos algunos de sus inventos en funcionamiento, como el famoso “huevo de colon”. La historia de este huevo se remonta a la época donde vivió el hombre que lleva el nombre del célebre huevo.
Antaño, Cristóbal Colón hizo una demostración de cómo un huevo podría ponerse de pie, sin más necesidad que aplastar la base de huevo contra la superficie, Tesla por el contrario consiguió tal proeza con un huevo de cobre, sin necesidad de dañar el mismo.
El huevo está colocado en posición de reposo sobre una pequeña plataforma hondonada. Con el uso de la corriente alterna, dicho huevo comienza a rotar sobre si mismo manteniéndose estable sobre su base. Esto es debido a la creación de un campo magnético rotatorio.

En segundo lugar se encontraba una de las creaciones más enigmáticas y poco conocidas del genio Tesla, se trata nada más y nada menos que de un transformador resonante, comúnmente llamado “Bobina de Tesla”. El funcionamiento, para los no iniciados, es similar a las mangueras de alta presión que se utilizan para la extinción de incendios. La boquilla de las mangueras tiene un caudal mucho menor, por lo que la presión del agua a su salida aumenta considerablemente. En el caso de la bobina es el mismo sistema, son dos sistemas de bobinado los que actúan alcanzándose tensiones bastante elevadas.

Por último y también poco conocido, encontramos un submarino autómata por radiocontrol, algo insólito para la época. Tesla, norteamericano nacionalizado de origen serbio, propuso al ejército que probara y usara sus innovaciones, sobre todo para la Guerra de Cuba contra España. Obviamente el ejército no tomó parte en tales investigaciones, no sabemos que hubiera sido de la flota española si los EE.UU hubieran contado entonces con semejante tecnología, dejaremos paso a la imaginación…
Con esto terminaba la exposición de uno de los grandes genios del siglo XIX-XX por no decir el más grande de los ya conocidos. Sus inventos y descubrimientos han sido lo que han posibilitado que tengamos el nivel de vida tecnológico con el que contamos ahora.
Ahora bien, frente a la universalización que propuso Tesla de sus inventos en pro de beneficio humanitario, los grandes poderes fácticos pusieron todo de su mano para el impedimento de dicho sueño.
Su gran idea era la transmisión de la electricidad inalámbrica de manera gratuita a todos los lugares del mundo, a través de receptores (véase torre Wardenclyfe), evadiendo así la necesidad de utilizar conductores físicos, como por ejemplo el cobre. Un sueño inalcanzable para pueblos cuyo presupuesto es un déficit constante y cuya situación es lamentable respecto a los pueblos más desarrollados. Obviamente su idea, quimérica para algunos aun hoy en día, no pudo llevarse a cabo por culpa de aquellos magnates que invirtieron grandes sumas de su fortuna en la extracción del cobre en las minas, con lo cual, al igual que en la industria petrolera, hasta no agotar existencias no habrá innovaciones.

Como anécdota, recientemente los investigadores de Intel han descubierto una vaga transmisión eléctrica sin cables a muy corta distancia, atribuyéndose el mérito de lo obtenido sin nombrar en absoluto al “Genio Olvidado”.
La figura de Tesla sigue siendo hoy algo desconocido, oscuro. Fue ante todo un idealista, condenado a un absoluto ostracismo por desavenencias con los adoradores del dinero reinante así como por intentar llevar a cabo algo cuyas dimensiones tiran por la borda todo el falso y demagogo humanitarismo actual de pseudo-intelectuales falaces.
Todo lo expuesto en este texto no es en absoluto ni un ápice de lo creado e ideado por este gran hombre, recomendamos a los lectores y a todos aquellos interesados en la ciencia o por mera curiosidad, que echen un vistazo a la obra de Nikola Tesla, que, aun siendo escasa, es posible encontrarla.
Al día siguiente, tuvo lugar la representación de la genial obra de Mozart en el Auditorio Nacional de Madrid. Esta obra en concreto no pudo ser finalizada por el maestro, sólo pudo realizar partituras hasta la parte “Sequentia”, todo lo demás, según se dice, fue elaborado por un alumno suyo y con ayuda de su viuda vio la luz.
Al margen de toda especulación, pues sabemos que una vez muerto el creador abundan las habladurías, debemos decir que esta obra en concreto es algo completamente iniciático. Su audición ahonda en lo profundo de cada persona que tenga cierta percepción auditiva, y esté en equilibrio físico y mental.
En general la obra completa de Mozart es un ciclo de sabiduría en contraposición de lo que hoy llamamos música. No es menester tener que esperar a la representación para poder deleitarse con esta armonía musical. Vivimos en una era de la información con sus ventajas y sus respectivas y antagónicas perversiones, donde no hay excusa para poder escuchar de manera austera y tranquila dichas melodías.

La música de cada época es característica inherente de una sociedad. Hoy en día tenemos por referente una música totalmente acorde con la idiosincrasia del género humano. Detritos “civilizados” deambulan en busca de la solución a su eterna desesperación. Arte y ciencia involucionan de manera exponencial a medida que avanza el tiempo, somos pues el fiel reflejo de un pueblo decadente.
El arte ha de ser una expresión anímica de todo individuo que lo compone, en tanto imperen los deseos irracionales y la desesperación del común, toda la creación está muerta. En una misma línea, si la ciencia no actúa o es utilizada en beneficio del común, se convierte inexorablemente en un haz de perversión y sometimiento voraz.
Roberto Lázaro
Praetor de Castella